Salimos
de Astorga por la A-6 en dirección a Ponferrada. Pocos kilómetros
más allá de la capital del Bierzo, a la altura de Villamartín, tomamos
la N-120 hasta la Barosa y aquí el desvío que lleva a Carucedo,
al pie mismo de las Médulas.
Este paraje, de una belleza tan extraña como impresionante, es lo
que queda de la mayor mina de oro que los romanos explotaron al
noroeste de la península utilizando un procedimiento conocido como
"ruina montium". Se minaba el corazón de la montaña con una intrincada
red de galerías de distinta longitud y en las que se sucedían los
tramos más anchos con repentinos estrechamientos. Más tarde, se
liberaban sobre los túneles enormes masas de agua -traída de las
montañas cercanas mediante una red de canales y almacenada cerca
de la explotación-, lo que producía el colosal derrumbe. El lodo
que así se producía era lavado para extraer el oro. Como un vestigio
más de la actividad minera del imperio, se conserva el lago de Carucedo,
formado por las aguas utilizadas en la extracción y lavado del oro.
Hoy, las Médulas, declaradas en 1998 por la UNESCO patrimonio de
la humanidad, impresionan por su belleza. Una belleza que es fruto
de la mano del hombre, del paso del tiempo y del capricho de la
naturaleza.
Merece también la pena una excursión al cercano castillo de Cornatel,
encaramado en un impresionante risco.